Un paseo por los castillos sevillanos

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Sevilla es una de esas ciudades que poseen tanta historia que permiten realizar diferentes tipos de rutas para conocer mejor a la ciudad y su provincia. Hoy os proponemos una ruta a través de algunos de los castillos más emblemáticos y conocidos de Sevilla. Quizá, muchas personas desconozcan que Sevilla cuenta con numerosos castillos, torres y fortalezas, la mayoría con una gran historia detrás. Además, otra característica prácticamente común en todos los castillos es que cuentan con un estado de conservación maravilloso.

La mayoría de estos castillos fueron construidos por la población árabe para defender de los cristianos que luchaban por “La Reconquista”. Por lo tanto, gran parte de ellos tienen más de seis siglos de antigüedad. Sin embargo, el estado en el que se encuentran es bastante bueno. A continuación haremos un breve recorrido por algunos de los castillos más significativos de Sevilla.

El Castillo de San Jorge es uno de los castillos primordiales de nuestra ciudad.  Es de origen visigodo y lo encontramos junto al río Guadalquivir y al puente de Triana. Cuenta la leyenda que fue construido con un objetivo defensivo y que los árabes lo llamaban Gabir. Algunos historiadores aseguran que a su lado construyeron un puente flotante que permitía cruzar el río de orilla a orilla.

Tal y como explican en Visitasevilla.es “la importancia defensiva del Castillo fue disminuyendo con los siglos y en 1481 se convertiría en sede de la Inquisición Española, que lo abandonaría en 1626. Tras esto, fue cedido al Conde Duque de Olivares. En 1639 volvería a ser de la Inquisición hasta su marcha definitiva en 1785. En el siglo XIX el Castillo fue demolido para crear un ensanche desde la Plaza del Altozano hasta la Calle Castilla. En 1823 se instala en el solar del Castillo el Mercado de Triana, que ha seguido en funcionamiento hasta la actualidad”. En 2009 el Ayuntamiento de Sevilla inaugura el proyecto del Castillo de San Jorge, creando así un centro de interpretación de las ruinas y de la represión religiosa que supuso la Inquisición Española.

Sin lugar a dudas, uno de los castillos con más historia y encanto es el Castillo de Alcalá de Guadaíra, situado en un alto junto al río Guadaíra. Es un castillo de estilo Almohade con construcciones bajomedievales donde destaca el Alcázar y está flanqueado por once torres con grandes detalles arquitectónicos y decorativos. La Torre de Entre Olivos ha sido la única que ha sido restaurada hasta entonces. Entre sus elementos defensivos se encuentra por un lado la propia naturaleza, ya que cuenta con un precipicio y un foso. En cuestiones de ataque cuenta con saeteras y troneras. Esta dificultad de acceso y su gran diversidad de túneles que comunican parajes de alrededores, hicieron que nunca fuera conquistado, incluso cuando quisieron asediarlo.

El Castillo de Alcalá es resultado de unos 4.500 años de historia; y es que los hallazgos arqueológicos más antiguos nos llevan a la Edad del Bronce, cuando se instala un pequeño poblado amurallado en el extremo oeste del Cerro. Sería un asentamiento dedicado a la producción agrícola de la campiña del Guadaíra, que por su tamaño dependería de alguna manera del cercano poblado situado en la Mesa de Gandul. En el área del Castillo, tras el abandono de los siglos XIX y XX se retoma la actuación constructiva a partir de 1998, con diversas campañas de investigación arqueológica y restauración, que continúan hasta el presente dentro del Plan Director de Actuaciones. Actualmente, el área monumental del Recinto Fortificado empieza a desarrollarse como espacio público dentro de la ciudad de Alcalá, con una nueva perspectiva patrimonial centrada en el uso cultural de los diferentes recintos del Castillo de Alcalá.

El Castillo de Alanís se encuentra situado sobre un estratégico montículo al sur de la población. Se trata de la edificación más emblemática de Alanís y ha sido testigo de los aconteceres de la historia del pueblo desde finales del siglo XIV, en que se supone su construcción. De planta hexagonal, con torreón y barbacana, hoy ya desaparecida. Sus muros de 2.3 metros de ancho y 6,5 metros de alto dejaban un único acceso al recinto por su cara norte, desde donde se avista el pueblo. Fue atacado por los franceses durante la ocupación napoleónica, quienes dinamitaron uno de sus muros, el suroeste, conservándose las ruinas en la actualidad.

El castillo de Alanís es de origen árabe, fue reestructurado en el año 1392 y artillado por los franceses en 1808, dada su estratégica situación. Fue atacado por los franceses durante la ocupación napoleónica, quienes dinamitaron uno de sus muros, el suroeste, conservándose las ruinas en la actualidad. Cuenta una leyenda que el castillo está encantado y que allí se aparece la morisca Acsia, que recorre los numerosos pasadizos que comunican con el castillo y que se encuentran en el subsuelo de la población.

Otro municipio sevillano que cuenta con un Castillo de visita obligatoria en esta ruta es el Castillo de Mairena de Alcor. La construcción del Castillo entre los siglos XIV y XV supuso el punto de partida de la actual trama urbana mairenera. Con la creación del núcleo patrimonial formado por el Castillo de Mairena, la Casa Palacio de los Duques de Arcos y el Parque del Olivar, se pretende hacer partícipe a la población de su historia, a partir del conocimiento de sus orígenes y singularidades. La parte central del castillo se construyó a mediados del s. XIV. Hacia 1.470, Rodrigo Ponce de León, marqués de Cádiz, amplía el castillo de Mairena construyendo las murallas exteriores, el foso y las bocas de fuego. De esta época procede el Arco, que fue una puerta de cierre de la población que se extendía sobre un alcor, a espaldas del castillo. Actualmente, arqueología, biodiversidad y flamenco se dan la mano en esta apuesta cultural.

Y llegamos hasta El Coronil, donde se piensa que su castillo está asentado sobre una antigua atalaya de origen celta que permitiría controlar las rutas de comunicación que cruzaban por esta zona. Poco se conoce del periodo de dominación musulmana en El Coronil, pero destaca la construcción de sus dos castillos, el de la Villa y el de las Aguzaderas, ambos muy transformados después tras la reconquista cristiana, y que responden al proceso de encastillamiento que vivió toda la campiña, por el cual la población tendía a concentrarse junto a pequeños enclaves fortificados donde pudiera encontrar refugio en caso de peligro.

Durante siglos, El Coronil continuó creciendo, debido a que sus señores se preocuparon por el buen gobierno y la administración de las tierras, llegando a pasar largas temporadas en su castillo-fortaleza que convirtieron en un auténtico palacio, mientras que el Castillo de las Aguzaderas quedó como un enclave de defensa avanzado en la frontera.