PACTA SUNT SERVANDA: ¡no es un conjuro!

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Por Mª Dolores Caro Cals, abogada socia de RuaCals Abogados.
Por Mª Dolores Caro Cals, abogada socia de RuaCals Abogados.

Como diría un antiguo profesor de literatura: bonito palabro. Pacta Sunt Servanda, tampoco, aunque pueda parecerlo es un conjuro de meigas, es simplemente un brocardo jurídico tan simple, pero que deja bien claro que lo “pactado obliga “.  No está bien moralmente romper acuerdos, pero es que legalmente está completamente prohibido. 

En nuestro día a día, de manera involuntaria o sin saber que lo hacemos, nos comprometemos a distintos acuerdos de la vida cotidiana, y no sabemos que estamos incurriendo en Uno de los principios fundamentos del Derecho Civil en materia contractual es el denominado pacta sunt servanda conforme al cual, el contrato obliga a los contratantes y debe ser puntualmente cumplido, sin excusa ni pretexto.

El Código Civil sanciona la obligatoriedad del contrato a través de distintos preceptos:

Los contratos son obligatorios, y las obligaciones nacidas de los mismos tienen fuerza de ley entre las partes contratantes. Así como la ley establece preceptos universales y coactivos, el contrato sienta preceptos coactivos también, aunque particulares, para las partes que se ligaron. Pero la expresión de que los contratos tienen fuerza de ley entre las partes no quiere decir que el contrato tenga virtud creadora de normas jurídicas, ya que la eficacia obligatoria del acuerdo presupone la existencia de una ley que la reconozca.

Su obligatoriedad se deriva de la voluntad de las partes, sancionada y amparada por la ley. Por ello dispone el artículo 1260 del Código Civil que no se admitirá juramento en los contratos, y si se hiciera, se tendrá por no puesto. Esta obligatoriedad se hace extensiva a todas las consecuencias que, aún no expresadas, se deriven de la naturaleza del contrato, conforme a la buena fe, al uso y a la ley. 

Como consecuencia de la obligatoriedad del contrato no pueden dejarse la validez y el cumplimiento de este al arbitrio de uno de los contratantes.

No obstante, todo tiene sus excepciones y el pacto al que nos obligamos puede quebrarse, cuando se dan una serie de circunstancias como puede ser la imprevisibilidad, que implica una cuestión de hecho dependiente de las condiciones que concurran en cada caso.

Que se produzca una dificultad extraordinaria, una agravación de las condiciones de la prestación, de manera que resulte mucho más onerosa para el deudor.

Que el riesgo no haya sido el motivo determinante del contrato, como sucedería en el caso del contrato aleatorio.

Que no exista acción dolosa en ninguna de las partes.

Que el contrato sea de tracto sucesivo o esté referido a un momento futuro, de modo que tenga cierta duración, pues para los contratos de ejecución instantánea o aquellos que han sido ya ejecutados no existe problema.

Que la alteración de las circunstancias sea posterior a la celebración del contrato y presente carácter de cierta permanencia.

Que exista petición de parte interesada.

Por lo tanto, sea nivel doméstico, legal o social, los pactos obligan y los acuerdos deben de cumplirse, aunque en determinadas situaciones nos sea del todo imposible siempre acudiendo a la lógica y al buen hacer de las partes, atendiendo en unos casos a las normas morales y en otras a las legales. 

En nuestro día a día, de manera involuntaria o sin saber que lo hacemos, nos comprometemos a distintos acuerdos de la vida cotidiana, y no sabemos que estamos incurriendo en Uno de los principios fundamentos del Derecho Civil en materia contractual es el denominado pacta sunt servanda conforme al cual, el contrato obliga a los contratantes y debe ser puntualmente cumplido, sin excusa ni pretexto.

El Código Civil sanciona la obligatoriedad del contrato a través de distintos preceptos:

Los contratos son obligatorios, y las obligaciones nacidas de los mismos tienen fuerza de ley entre las partes contratantes. Así como la ley establece preceptos universales y coactivos, el contrato sienta preceptos coactivos también, aunque particulares, para las partes que se ligaron. Pero la expresión de que los contratos tienen fuerza de ley entre las partes no quiere decir que el contrato tenga virtud creadora de normas jurídicas, ya que la eficacia obligatoria del acuerdo presupone la existencia de una ley que la reconozca.

Su obligatoriedad se deriva de la voluntad de las partes, sancionada y amparada por la ley. Por ello dispone el artículo 1260 del Código Civil que no se admitirá juramento en los contratos, y si se hiciera, se tendrá por no puesto. Esta obligatoriedad se hace extensiva a todas las consecuencias que, aún no expresadas, se deriven de la naturaleza del contrato, conforme a la buena fe, al uso y a la ley. 

Como consecuencia de la obligatoriedad del contrato no pueden dejarse la validez y el cumplimiento de este al arbitrio de uno de los contratantes.

No obstante, todo tiene sus excepciones y el pacto al que nos obligamos puede quebrarse, cuando se dan una serie de circunstancias como puede ser la imprevisibilidad, que implica una cuestión de hecho dependiente de las condiciones que concurran en cada caso.

Que se produzca una dificultad extraordinaria, una agravación de las condiciones de la prestación, de manera que resulte mucho más onerosa para el deudor.

Que el riesgo no haya sido el motivo determinante del contrato, como sucedería en el caso del contrato aleatorio.

Que no exista acción dolosa en ninguna de las partes.

Que el contrato sea de tracto sucesivo o esté referido a un momento futuro, de modo que tenga cierta duración, pues para los contratos de ejecución instantánea o aquellos que han sido ya ejecutados no existe problema.

Que la alteración de las circunstancias sea posterior a la celebración del contrato y presente carácter de cierta permanencia.

Que exista petición de parte interesada.

Por lo tanto, sea nivel doméstico, legal o social, los pactos obligan y los acuerdos deben de cumplirse, aunque en determinadas situaciones nos sea del todo imposible siempre acudiendo a la lógica y al buen hacer de las partes, atendiendo en unos casos a las normas morales y en otras a las legales.