Osuna, historia viva de nuestra ciudad

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Osuna ocupa un lugar estratégico, ya que se encuentra en el corazón de Andalucía. Es un importante escenario de congresos, rodajes de cine y televisión y un precioso rincón sevillano para hacer turismo.

En esta localidad entran en contacto dos comarcas claramente diferenciadas. Por un lado, la Campiña Sevillana. Se trata de una superficie casi llana con suelos arcillosos y calizos, que ocupa los dos tercios de la superficie total del término. Sus tierras se dedican al cultivo de secano. Y por otra parte, la Sierra Sur con terrenos calíferos y yesíferos, donde predomina el olivar y el monte bajo, con orografía montañosa, superándose en ocasiones los 500 metros de altitud.

Osuna se ha convertido en un importante centro de congresos de Andalucía. Multitud de empresas escogen este lugar para celebrar sus convenciones de trabajo. Uno de los motivos es por el buen acceso en carretera, tren o incluso avión. Además de las completas infraestructuras que posee. Algunos de los eventos más importantes que se han llevado a cabo en esta localidad son por ejemplo las Jornadas Internacionales de Innovación Docente en la Ciencia de la Salud o las jornadas “Energía Nuclear entre nosotros”.

Osuna, por su belleza, historia y patrimonio ha servido en multitud de ocasiones de escenario de películas, cortometrajes, anuncios de televisión y publicidad. Los visitantes encontrarán un gran abanico de alojamientos y restaurantes en el que consumir sabrosos platos propios de la zona. Además, en Osuna puedes encontrar multitud de lugares para practicar deporte, en el que respirar aire puro, o disfrutar de su monumental casco histórico. Sin lugar a dudas hay muchos lugares que visitar, por ejemplo las Canteras de Osuna, la necrópolis Tardorromana, el Teatro Romano, los Restos del Foro de la Colonia Romana Genetica Iulia o los Restos de la Muralla Prerromana de Urso.

Las Canteras son terrenos de la Antigua Urso donde se extraía la piedra para las construcciones desde antes de la ocupación romana. En el interior alberga un magnífico auditorio natural utilizado para celebraciones, conciertos, actos culturales etc.

Este sustrato rocoso ha sido empleado como cantera de piedra de manera continuada al menos desde época turdetana, aunque parece que su explotación debió intensificarse a raíz de la importante labor constructiva desarrollada por el IV Conde de Ureña en el siglo XVI, hasta la década de los años 60 del siglo pasado que se dejó de trabajar con ella. En el mismo borde de un precipicio abierto por los canteros quedan las ruinas de lo que hasta el siglo pasado fue la Ermita de la Vía Sacra. Se levantó a mediados del XVII y en ella finalizaba el Vía Crucis. Junto a ella, a modo de capilla, permanecen los restos de unas tumbas excavadas en la roca, siguiendo el modelo de la Necrópolis.

Osuna entra en la Historia de la mano de los historiadores y geógrafos clásicos. Apiano y Diodoro narraban la presencia de tropas procedentes de Italia, que se instalaron en este territorio turdetano para combatir a los cartagineses o a Viriato. Aunque los asentamientos humanos en Osuna se rastrean muchos siglos antes, existen pistas de culturas prehistóricas más allá de un milenio antes de Cristo. El Toro y la serie de los Relieves de Osuna hablan de una antigua civilización ibérica que dio lugar a una extraordinaria cultura donde convivieron las mejores tradiciones mediterráneas procedentes de Oriente y Grecia.

El nacimiento de Roma supuso un cambio en todos los sentidos. La ciudad se transformó en uno de los centros más desarrollados, los restos del foro y del teatro lo certifican. Con la llegada de los musulmanes todo cambiará a comienzos del siglo VIII. Aquí llegó el apogeo del lugar. Pasó de ser un enclave fortificado a tener aspecto de ciudad.

El desarrollo urbano posterior ayuda a justificar la parquedad de los restos de aquel periodo. En 1240 Fernando III tomó pacíficamente la localidad. Pero tras la revuelta de mudéjares de 1264 se producen transformaciones importantes. Por ejemplo, se expulsó a los habitantes musulmanes y la fortaleza pasó a manos de la Orden de Calatrava. Dos siglos después, Pedro Girón logra acaparar en Andalucía, rigiéndose en capital del estado señorial que este personaje consigue consolidar para su hijo, Alfonso Téllez Girón, I conde de Ureña. Osuna ligará su destino a esta familia y su peculiar fisonomía será, en gran medida, producto de las actuaciones de este linaje aristocrático. Los Girones comienzan a poner en marcha un plan que refleje la imagen deseada por los señores. El panorama monumental de la acrópolis ducal se completa con el edificio de la Universidad y el hospital de la Encarnación, ambas fundadas por el IV conde de Ureña, padre del I duque de Osuna, título otorgado por Felipe II a los Girones en 1562.

Coincidente con esta elevación aristocrática, la Casa de Osuna tiende a vincularse a la corte real. Su presencia en la localidad es cada vez más esporádica. El tiempo de las fundaciones, ejemplificado por la tarea ingente de Juan Téllez Girón, quien transformó en clave religiosa la ciudad, parece llegado a su fin. En el siglo XVII y sobre todo en el XVIII, se asiste a un ascenso de la nobleza local y los grandes propietarios. Ellos serán en gran medida los responsables del aire barroco que se respira en las calles, especialmente en las de San Pedro, Sevilla y la Huerta. Aunque existen algunos ejemplos palaciegos o de casas solariegas de época renacentista, serán las grandes mansiones dieciochescas las que marquen la pauta de la arquitectura civil ursaonense. El palacio del marqués de la Gomera es sin duda el mayor exponente.

Osuna no sufrió el impacto del desarrollismo de los años sesenta de nuestro siglo. La emigración sustituyó a la fiebre del montaje de fábricas y el casco urbano, con cierta despoblación, pero no se vio alterado en exceso. Continuaron dependiendo de la economía agrícola, lo cual aunque impulsó condiciones más duras de vida, permitió que ese patrimonio, atesorado durante siglos y expresión de las pasadas grandezas llegase hasta la actualidad para disfrute de todo aquel que se sienta amante de la belleza y el arte.