La virtud de la paciencia y el método

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Por Jaime García, Responsable de de Banco Mediolanum en la zona Sur
Por Jaime García, Responsable de de Banco Mediolanum en la zona Sur

Es tentador y muy humano querer hacerse rico con un golpe de suerte, aunque no es más que una ilusión arriesgada para la gran mayoría de nosotros. Pero en tiempos convulsos —como en esta pandemia mundial— mucha gente se deja seducir por las riquezas fáciles, por los atajos en la inversión.

Esto último explicaría por qué algunas inversiones más o menos “exóticas” o novedosas se han multiplicado a lo largo de los últimos meses atrayendo a millones de personas. Hace dos años, algunos de esos mismos activos se desplomaron en picado tras vivir un periodo de euforia.

El dinero rentabiliza las inversiones con paciencia y con un método profesional. Eso es la inversión y lo otro es una especulación que suele dar más disgustos que alegrías. Me gusta la vertiente psicológica de la fábula de la hormiga y la cigarra: podría parecer que la vida de la hormiga es tediosa y la de la cigarra, emocionante, pero no hace falta que recuerde el final.

En estos meses de confinamiento, durante los cuales el consumo se ha reducido de forma considerable, algunos hogares han ahorrado dinero y se preguntan qué hacer con él. Vaya por delante que, como asesor financiero, mi método es el de la hormiga. Bajo este principio, a todos aquellos que han juntado alguna liquidez y quieren obtener rentabilidad por ese dinero, les digo que el primer paso es decidirse a invertir. Pero siempre con esta filosofía de la paciencia y con una estrategia que minimice los riesgos y sobre todo se adapte a sus circunstancias, sus características y su perfil de inversor. Aunque también con ilusión y con una sana ambición, pues, con el tiempo, los ahorros bien gestionados suelen dar sus recompensas.

Porque una buena inversión pasa por una planificación a un plazo largo. Por este motivo, lo prioritario es marcarse las metas vitales a corto, medio y largo plazo y determinar el dinero que necesitaremos en cada momento. Para hacerlo más fácil se debe pensar en cosas concretas: la hipoteca, los estudios de la niña, el viaje de mis sueños, la jubilación.

Con estos objetivos fijados determinaremos una estrategia de inversión marcada por, al menos, dos principios básicos. El primero es la diversificación que implica no poner todos los huevos en la misma cesta ni en el mismo momento. Y es mejor ir aportando el dinero a lo largo del tiempo para promediar y aminorar los vaivenes de los mercados y los ciclos que sufrirán las economías de todos los países y los sectores de actividad.

El otro es una disciplina en el cumplimento de la estrategia diseñada. Hay que saber resistirse a los momentos de pánico y de euforia, cuando miles de personas malvenden o compran compulsivamente ciertos activos financieros. Esos son, por cierto, los momentos de actuar a la contra y comprar con bajos precios e incluso vender algo con los altos.

Contar con un profesional permite determinar la estrategia adecuada a los objetivos personales, pero también ayuda a que no nos salgamos del camino que supondría desandar lo ya andado.