La protección, eje de la planificación a largo plazo

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POR JAVIER FANO_RESPONSABLE DE BANCO MEDIOLANUM EN ANDALUCIA

La enseñanza de que de todo se debe sacar alguna clase de aprendizaje es una máxima que he aplicado en mi día a día como asesor financiero. Muchas veces he hablado aquí de la importancia de una buena planificación como la columna vertebral de una inversión eficaz que nos permita cumplir con los objetivos que nos hemos marcado para el futuro, tanto el propio como el de los nuestros.

Hoy, sin embargo, quiero incidir en que la planificación no es sinónimo de certidumbre, pues la realidad es tozuda y a lo largo de los años que llevo en la profesión he podido constatar, con más frecuencia de la deseada, que lo imprevisible forma parte de nuestras vidas. Es cierto que la planificación supone la piedra angular para la mejor gestión posible de nuestros ahorros, pero sería un error de dimensiones bíblicas no incorporar en la planificación lo que las matemáticas y la física ha venido denominando la teoría del caos.

En esencia, esta teoría viene a decir que unas pequeñas variaciones en las condiciones iniciales pueden suponer grandes diferencias futuras. Usando un símil marinero, si al marcar el rumbo cometemos un error nimio, pongamos de medio grado, cuando hayamos navegado muchas millas esa equivocación inicial acabará dando lugar a una desviación inmensa. Tanto es así que, en tiempos pretéritos, cuando no existía el GPS, los marinos poco avezados podían acabar pasándose de largo la isla de Ibiza cuando había mal tiempo.

Por tanto, la experiencia me ha enseñado a incluir en la planificación financiera esos imprevistos que, evidentemente, no son solo pequeños errores de cálculo, sino también acontecimientos que suponen giros de 180 grados. Sin centrarme en ejemplos luctuosos, estos días de pandemia he pensado mucho en esto.

Por eso, en esta ocasión me ha parecido oportuno traer a colación una parte de nuestro trabajo como asesores financieros de la que solemos hablar poco: la protección ante los imprevistos. En toda planificación partimos de algunos hechos que, aunque probables, no siempre son fijos. Uno de los principales es una previsión de ingresos que se basa en el capital humano de nuestros clientes; en términos llanos, en su capacidad de generar recursos. Y, por tanto, de generar ahorro.

Así pues, por impertinente que me resulte, como asesor no me queda más remedio que exponer siempre a mis clientes la posibilidad, completamente indeseada, de que algo trunque su capacidad de generar ingresos. Puede suceder y la situación que estamos viviendo es una muestra fehaciente de ello. 

Como asesor financiero no puedo predecir el futuro, pero sí establecer fórmulas que minimicen su impacto. Por este motivo, siempre recomiendo a mis clientes la conveniencia de contar con un seguro o combinación de seguros que compense esas imprevistas pérdidas de ingresos. Siempre digo que un seguro es el único servicio que adquirimos con el deseo de no tener que usar nunca, algo que de por sí puede generar un rechazo a priori. Sin embargo, ayuda tenerlo en los momentos de zozobra.

Los seguros son, en definitiva, parte esencial de cualquier planificación financiera. Sin embargo, conviene conocer bien qué se necesita en cada caso concreto, pues lo importante no es contratar un seguro cualquiera, sino saber qué seguro concreto precisa cada persona y cada familia. Por este motivo, me corresponde como asesor ser proactivo en esta parte de mi oficio. Me gustaría terminar, eso sí, con el deseo de que ninguno de ustedes tenga que necesitar nunca uno.