La pensión del autónomo, fruto de la previsión

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Por Jaime García, Responsable de de Banco Mediolanum en la zona Sur
Por Jaime García, Responsable de de Banco Mediolanum en la zona Sur

Ser autónomo es más que un tipo de cotización a la Seguridad Social, significa también crear, construir, sumar ideas y proyectos y, después de una vida trabajando, toca disfrutar de lo hecho; sin embargo, no podemos dejar de ser autónomos, económicamente hablando, al dejar de trabajar. Para eso debemos preparar nuestro retiro y no depender de lo que nos toque en el reparto de un sistema en decadencia.

Últimamente se habla de la reforma del RETA (Régimen Especial de Trabajadores Autónomos), derivada del acuerdo del Pacto de Toledo. A grandes rasgos, la idea es que los autónomos coticen en función de sus ingresos. Pero, a la espera de ver en qué queda esta reforma, cabe recordar algunos aspectos básicos.

Lo primero que debe tener en cuenta un autónomo es que la pensión está directamente relacionada con el dinero que dedique a ella. Muchos se sorprenden de la cantidad cuando reciben su primera paga tras muchos años de trabajo.

Por eso hay que anticiparse. La actividad profesional por sí sola no garantiza la pensión que queremos tener, así que la manera de prevenir esto es destinar parte de nuestros ahorros de forma periódica a nuestro particular plan de jubilación.

Porque una buena jubilación exige de una planificación previa que derive en una estrategia realmente eficaz y que responda a dos exigencias ineludibles: diversificación y largo plazo.

Pensar en un plan a medida es compatible con la pensión pública. El mismo Pacto de Toledo recomienda el fortalecimiento para todos los trabajadores —autónomos y asalariados— de los planes privados de jubilación. Por lógica, si la diversificación es la esencia de cualquier plan de inversión, lo debe ser también para un buen plan de jubilación.

Por tanto, mi primer consejo como asesor financiero es que conviene contar con un plan alternativo que cubra las necesidades que puedan surgir para que el trabajador por cuenta propia pueda disfrutar de su jubilación de una forma tranquila y plena.

Lo segundo es tratar de evitar un error habitual en el colectivo, como es retrasar los planes para la jubilación, porque no suele pensar en ella hasta rozar los cuarenta y pico o cincuenta años. No diré que entonces ya es tarde, pero puede mermar la pensión y exigirá mucho más esfuerzo. 

Como sabemos, si ponemos a trabajar nuestro ahorro lo hacemos para que crezca con los años, y sobre todo si lo hacemos buscando aprovechar la fuerza del interés compuesto. Es cierto que cada edad tiene sus necesidades, sus objetivos y, por tanto, sus prioridades financieras. Eso no significa que ahí no esté la jubilación desde bien temprano.

Sin duda alguna, la mejor pensión para un autónomo es la que se planifica lo antes posible y se basa en una diversificación de la aportación en las soluciones financieras que más se adapten a cada etapa de su vida. Por ello, nunca es demasiado pronto para recurrir a los consejos de un asesor financiero y planificar la pensión que desearíamos cobrar en el futuro. El tiempo es nuestro mejor aliado para una buena gestión del ahorro, pero también puede ser nuestro peor enemigo. No lo perdamos por el camino.