La obesidad infantil, ¿qué hacer?

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Por Mª Ángeles Sánchez psicóloga infantil de Crecer Gabinete de Psicología Infanti

La obesidad se ha convertido en un problema mundial difícil de resolver y es considerada como una de las epidemias del siglo XXI. En la población infantil, la obesidad es la enfermedad nutricional más trascendental y su importancia durante la niñez y adolescencia se debe a las graves consecuencias sobre la salud física -complicaciones musculoesqueléticas, ortopédicas, dificultades del sueño, etc.-, y mental -puede conllevar las dificultades emocionales y de la conducta, como depresión, y afectar a su desempeño escolar y sus relaciones sociales-, y constituye una causa directa de morbilidad.

En España las cifras son escandalosas, con un nivel de obesidad infantil alrededor del 30%. Es decir, de cada 10 menores 3 tienen sobrepeso. Vivir en la “sociedad de la abundancia” en la que, junto a una gran oferta de nutrientes hipercalóricos, coexisten cambios en los estilos de vida (predominio del sedentarismo), malos hábitos alimentarios y una ingesta de alimentos basada fundamentalmente en el sabor, textura, olor o color lleva casi irremediablemente al sobrepeso y a la obesidad. 

Los estudios realizados en niñ@s entre 5 y 16 años muestran que la obesidad se asocia con trastornos emocionales ya que en la actualidad “estar gordo”, y más concretamente “gorda”, no está permitido en una sociedad que premia modelos que se acercan a lo esbelto y delgado. Esta moda impregna nuestra cultura y l@s niñ@s lo aprenden rápidamente por lo que no dudan en discriminar atacando cruelmente mediante insultos, a todo aquel compañero que exceda las medidas establecidas por la moda. El estigma social de la obesidad tiene un efecto negativo sobre su autoestima, estados depresivos ansiosos, evasión de actividades en colectivo, y de actividades donde el hecho de mostrar o utilizar la imagen corporal ocupe un lugar importante, como en los deportes. Esto se observa con mayor frecuencia en los niñ@s mayores de cinco años aunque esta preocupación alcanza su grado mayor en la adolescencia. 

Todo lo anterior contrasta con la escasa importancia que le dan los progenitores a la obesidad infantil. Así, pueden no percibir a sus hij@s como obes@s y preocuparse solamente por el peso del niñ@ si limita su actividad física o cuando es víctima de bromas o insultos debido a su sobrepeso por sus compañeros. Piensan que un niñ@ “gordit@” es un niñ@ sano y feliz y que cuando “estire” se resolverá el problema, sin tener en cuenta los problemas de salud que se pueden generar a corto y largo plazo en sus hij@s.

Por tanto, lo mejor es la prevención para evitar llegar a esta situación y si ya tenemos un hijo o una hija obesa actuar cuanto antes. Algunas recomendaciones eficaces son: 

1.Disminución de alimentos con un elevado contenido en grasa así como un consumo adecuado de grasa monoinsaturada (aceites de oliva, de girasol y de maíz, etc.), poliinsaturada (aceite de soja, pescados, etc) y una reducción del aporte de grasa saturada (leche entera y derivados lácteos enteros, embutidos, bollería, etc.) y grasas trans (margarinas, bollería, alimentos precocinados, prefritos y congelados).

2.Evitar el consumo excesivo de proteínas.  

3.Favorecer el consumo de hidratos de carbono complejos (con índice glucémico bajo y absorción lenta) tales como cereales enteros, frutas, verduras y leguminosas y evitar refrescos azucarados y azúcares de alimentos manufacturados (snacks sobre todo),  

4.Promover un patrón de vida más activo con una reducción del elevado tiempo dedicado a la televisión, a los videojuegos y a Internet favoreciendo que dichas horas se dediquen al juego activo, la educación física y el deporte.

5.Recomendar no comer mientras se ve la televisión.

6.El desplazamiento al colegio a pie o en bicicleta.

7.La implicación del niño en la realización de pequeñas tareas domésticas.

8.Intentar realizar actividades físicas estructuradas (natación, bicicleta, correr, etc.).

9.Fomentar en la familia más actividades extraescolares y fines de semana menos sedentarios.

Por tanto, aprovechemos el verano para instaurar nuevos hábitos y prevenir o luchar contra la obesidad infantil.