La idiosincracia de Triana la hace única

Barrio popular con historia que gira entorno al río, su gente, sus hermandades y la Velá de Santa Ana.

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La idiosincracia de Triana la hace única.
La idiosincracia de Triana la hace única.

Cruzar el puente hacia Triana es adentrarse no sólo en un barrio sevillano, sino en un barrio con una idiosincrasia que lo hace diferente a los demás. Triana es cuna del arte. Triana es historia. Triana es Semana Santa, el Rocío y su Velá. Triana es para los trianeros su orgullo de identidad.

Si se echa la vista atrás, su historia se remonta a la era tartésica. Ya luego en periodo romano, ese núcleo de población sirvió a las legiones romanas para establecer campamento donde estuviera cerca de Itálica y frente a Híspalis y teniendo al río Betis (nombre romano del río Guadalquivir) a sus orillas. En el periodo almohade se construyó el primer puente de barcas, lo que hoy es el puente de Triana. Y es que el río es parte fundamental de su historia, porque de allí partieron barcos para descubrir nuevos mundos, como la vuelta al mundo de Magallanes y Elcano. Hoy en día, en Plaza de Cuba hay una esfera que marca “Milla Cero” en conmemoración a aquella hazaña. Y es que en Triana había una escuela de Mareantes que instruyó a muchos navegantes que acompañaron, entre ellos, a Cristóbal Colón en el Descubrimiento de América.

La idiosincracia de Triana la hace única.
La idiosincracia de Triana la hace única.

El Castillo de San Jorge, que hoy se puede visitar desde el Mercado de Triana, fue protagonista de las persecuciones de la Inquisición. Ya en época más reciente, la industria aeronáutica “Hispano Aviación” que se encontraba en la Calle San Jacinto, construyó el primer avión a reacción de España, el cual fue bautizado con un nombre muy característico del lugar “Saeta”.

También, tal y como se ha nombrado, es cuna del arte en todos los sentidos. Famosos son sus alfareros con su cerámica, así como sus artistas flamencos Naranjito de Triana y Niño Segundo, tonadilleras como Marifé de Triana, Paquita Rico, Antoñita Colomé, Marujita Díaz, entre otras, bailaoras de la talla de Matilde Coral y toreros como Juan Belmonte, Gitanillo de Triana, Chicuelo…Artistas del ayer y de hoy que llevan a su barrio por bandera. Y es que si le preguntas a un trianero cuando cruza el puente, te contesta que va a Sevilla.

La idiosincracia de Triana la hace única.
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Si algo es típico de Triana son sus corrales de vecino. Numerosos corrales surgieron a primeros del siglo XX y fueron casas donde se vivieron los años de la guerra y de la posguerra con mucha hermandad entre los vecinos que lo habitaban. Las pilas para lavar, era el centro de reunión de las mujeres, sus patios el lugar donde los chiquillos jugaban a la pelota y las niñas a sus muñecas. Eran lugares humildes, donde en una sola habitación, no muy grande, los padres criaban a sus hijos, y no uno o dos, sino 6 ó más. Incluso los baños se compartían con el resto de vecinos. Penurias pero a la vez vecindad, tristezas y alegrías fue lo que han hecho ese arraigo que sienten los trianeros por su barrio. El contar con el mayor número de corrales de toda Sevilla, es lo que le ha dado parte de su idiosincrasia. El Corral Montaño fue el más grande, el Corral del Cura es el único que se ha reedificado. Así hasta un total de 69 que fueron abandonados y con los que se especularon. De ahí, que muchos trianeros dejaran su barrio y ansían volver.

La idiosincracia de Triana la hace única.
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También hablar de Triana es hablar de un barrio cofrade. Cuenta con 6 hermandades de Gloria y 5 de Penitencia: La Estrella, San Gonzalo, Esperanza de Triana, El Cachorro y La O. El Rocío de Triana y el Corpus cierran este apartado, siempre girando en torno a la pequeña catedral trianera, la Parroquia de Santa Ana.

Triana es también lugar de encuentro para muchos sevillanos que salen a tapear. Numerosos son los bares que ofrecen la gastronomía típica del barrio: el pescaíto frito, las pavías de bacalao, el choco o el adobo. También, es muy típico pasear por la Calle Betis y por el Paseo de La O, ambos a orillas del Guadalquivir.

La Velá de Santa Ana.
No se puede escribir de Triana sin mencionar a su Velá que se celebra siempre del 21 al 26 de julio. Tiene su origen en la romería que albergaba la Parroquia de Santa Ana en el Siglo XIII. Ésta era de carácter festivo y tenía mucha participación popular. Hoy en día, se sigue conservando componentes de los de antaño y conservando muchas de sus tradiciones.

La idiosincracia de Triana la hace única.

La Velá se inicia con el pregón en el antiguo Hotel Triana. A principios del puente de Triana se coloca la portada. En la Plaza del Altozano se ubica el escenario que será el centro de todas las actuaciones y destaca por su iluminación en forma de abanico. La Calle Betis, por su parte, acoge a todas las casetas de acceso gratuito y en el Paseo de La O se puede visitar el Mercado de los Alfareros.

Muchas son las actividades festivas que se llevan a cabo, entre las que se encuentran las tradicionales como “la cucaña” y la Clásica Ciclista Memorial Antonio Rodríguez Zeppelín. Pero la Velá gira en torno a lo religioso, ya que se festeja Santiago y Santa Ana. Por ello, en víspera al 26 de julio, la banda del Cristo de las Tres Caídas interpreta desde la torre engalanada de la “Señá Santa Ana” sus Gozos para pasar al repique de campanas y es cuando la parroquia abre sus puertas para el besamanos y la ofrenda de flores a Santa Ana. La velá culmina la noche del 26 de julio con fuegos artificiales. En el pasado mes de mayo, el Ayuntamiento de Sevilla la ha considerado Fiesta Mayor de Sevilla.

Conoce las leyendas y callejuelas del Barrio de Santa Cruz en el siguiente reportajehttps://www.pymesmagazine.es/barrio-santa-cruz-las-leyendas-y-sus-callejuelas-lo-hacen-unico/