La Bolsa, lejos de los tópicos de Hollywood

Lo primero que explico a mis clientes es que lo que más influye en la rentabilidad de nuestras inversiones somos nosotros mismos

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POR JAVIER FANO_RESPONSABLE DE BANCO MEDIOLANUM EN ANDALUCIA

El lobo de Wall Street (2013), con Leonardo DiCaprio; Margin Call (2011), con Kevin Spacey; Wall Street (1987), con Charlie Sheen y Michael Douglas o su secuela Wall Street, el dinero nunca duerme (2010), con Michael Douglas de nuevo, son algunas de las películas que han tratado la Bolsa dando una versión glamurosa, pero muy, muy agresiva de este
mundo. Como todo lo que toca el show business, hay una distorsión de la realidad en pos del espectáculo.

El mundo de las finanzas —descrito en las películas como una piscina llena de Grandes tiburones blancos Greater White sharks devorándose mutuamente—no es la única profesión que sucumbe a los estereotipos. Todos los oficios se tratan en la gran pantalla tomándose
numerosas libertades, como puede verse en el caso de policías, periodistas, deportistas, médicos…

No pretendo ejercer de crítico de cine y menos vilipendiar al séptimo arte, pero como asesor financiero me enfrento diariamente con la “ardua” tarea de corregir esa visión que Hollywood ofrece de la Bolsa. Al contrario de su versión cinematográfica, se trata de unos mercados regulados con unas normas de juego que hay que conocer para minimizar riesgos y maximizar beneficios. Mi misión es hacer comprender a la gente que, históricamente, la inversión a largo plazo es la mejor opción para hacer crecer nuestros ahorros. Eso sí, con conocimiento y método.

Y lo primero que explico a mis clientes es que lo que más influye en la rentabilidad de nuestras inversiones somos nosotros mismos. El ser humano es gregario y se mueve al unísono por impulsos. Como una manada de grandes herbívoros, ante una amenaza
más o menos cierta corremos despavoridos hasta caernos por el precipicio sin darnos cuenta. Son las “trampas” que nos tienden nuestros cerebros, profusamente estudiadas por los científicos, que las denominan “sesgos cognitivos”.

Esta sí es una realidad inversora a la que debemos enfrentarnos: los riesgos están más dentro que fuera, pues cuando afrontamos decisiones financieras influyen sobre nosotros tanto las emociones como las “trampas de la mente”. Es difícil soportar con un gesto impasible unas caídas entre un 5 y un 10% en el corto plazo sin que estas generen una reacción negativa exagerada que puede arruinar nuestros planes financieros a largo plazo.

Dejarse arrastrar por los vaivenes de los mercados con decisiones inadecuadas, como vender o comprar sin cabeza, para intentar adivinar qué pasará en el corto plazo puede ser muy contraproducente.  El miedo a la volatilidad y la ausencia de una estrategia medida
y acorde con nuestro perfil como inversores suponen añadir un riesgo innecesario a nuestras finanzas. Es imprescindible que cambiemos el chip y, en vez de creer que debemos apagar inmediatamente el “incendio”, ¡calma!; no se trata de un incendio,
sino más bien de una tormenta, de mayor o menor intensidad, que debemos afrontar con decisiones mesuradas. La Bolsa es, ante todo, una cuestión de actitud y, una vez que asumamos esta disciplina, es muy aconsejable poner a trabajar nuestro dinero para tratar de conseguir una rentabilidad superior a la inflación. Así defenderemos el poder adquisitivo de nuestros ahorros, pero además podremos aspirar a aumentar nuestro capital con el paso del tiempo.

Ciertamente, la lucha contra nosotros mismos, contra nuestros miedos y euforias, es una “ardua” tarea, pero debemos asumirla como si de un entrenamiento militar se tratase: todo es cuestión de método. Para ello debemos empezar por fijar nuestros…

OBJETIVOS
¿Para qué ahorramos y en cuánto tiempo queremos conseguir nuestras metas? Es diferente si buscamos ahorrar para la jubilación, para la compra de una casa o para los estudios de
nuestros hijos. Y los plazos, obviamente, son distintos. Hay un truco, el cual recomiendo, que sirve para identificar estos objetivos y no olvidar por qué ahorramos: poner nombre a las inversiones.

No es lo mismo hablar de un fondo de inversión de renta variable que de “los ahorros para la universidad de mi hija” o “para el viaje de mis bodas de plata”. En Banco Mediolanum, desde siempre, le hemos dedicado mucho tiempo, con un proceso muy meticuloso y estudiado, a determinar “la aversión real al riesgo”. Una vez establecido nuestro perfil inversor y determinados los objetivos, debemos establecer una…

ESTRATEGIA
Que debe cumplir con tres grandes parámetros: un horizonte temporal de inversión (ya sea corto, medio o largo plazo), diversificación y un ahorro sistemático. El ahorro está concebido en función del objetivo marcado: ya sea a corto plazo (por ejemplo, para imprevistos), medio (para adquirir una vivienda) y largo plazo (para la jubilación). Así, el
retiro tendrá mayor límite temporal que la compra de la casa, pero todos parten del hecho de que no se puede invertir a corto plazo como si se tratase de la ruleta rusa.

El segundo pilar de una estrategia certera de inversión es la diversificación, para lo cual debemos establecer una cartera compensada —países y regiones, sectores y empresas, renta fija/corporativa y divisas— que evite los vaivenes geográficos, sectoriales o incluso ambos.

El tercer pilar, especialmente recomendable, es establecer un hábito de ahorro sistemático. Se trata de destinar una cantidad fija cada mes que se transferirá de forma automática a nuestro vehículo de inversión, sobre todo en el caso de la renta variable, con independencia del comportamiento de los mercados y sabiendo que, a largo plazo, la tendencia siempre
es alcista. La cantidad debe ser realista y tenemos que estar cómodos con ella. Y, como en toda disciplina, una vez marcados los objetivos y establecida la estrategia, nos dotaremos de una…

TÁCTICA
Para alcanzar las metas, los fondos de inversión son un instrumento ideal para poner en marcha una estrategia de inversión diversificada sin limitarnos a nuestro entorno (por ejemplo, el IBEX 35), capaz de suavizar los vaivenes de los mercados. Y para afrontar esos vaivenes, conviene ponernos bajo la supervisión y el acompañamiento de un profesional.
Un experto de las finanzas —como los Family Bankers de Banco Mediolanum— que puede orientarnos, para que aprovechemos las bajadas del mercado, invirtiendo en renta variable a largo plazo. Y, muy especialmente, para saber capear las tormentas manteniendo a raya “trampas de nuestra mente”.