Enrique Carlos Martín, escritor e ilustrador

Escritor e ilustrador. Autor de la obra “Gustavo y la Máquina de Montar Monstruos”, Enrique se considera una persona "sinquieta", esforzada y friki.

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Enrique Carlos Martín, escritor e ilustrador.
Enrique Carlos Martín, escritor e ilustrador.

¿Quién es Enrique Carlos?
Pues, aparte de un ser vivo más de los que pululan por el planeta, con las alegrías y penas que eso conlleva, soy un tipo empeñado en crear. Pero no se trata de nada grandilocuente, más bien es que me aburro. Y he tenido la suerte de encontrarme con que escribir y dibujar me divierten muchísimo.

¿Cuándo y por qué decidió dedicarse al mundo de la ilustración?
Siempre he dibujado. No recuerdo el primer momento en que cogí un lápiz y empecé a divagar con él. Por otro lado, es un hecho muy común, todos los niños dibujan. Pero yo no lo solté. Seguí dibujando hasta que fui consciente de que quería centrar mi vida en eso, ganarme la vida con ello. El porqué es difícil de explicar. Quizás, me formé una idea romántica. Admiraba intensamente muchas obras gráficas que caían en mis manos. Aún lo hago.

¿Qué significa en su vida el mundo de la ilustración para usted?
Si hablamos del aspecto creativo, es como llegar a casa. Al hogar. A veces me apetece, a veces lo necesito, otras veces solo pienso en ello, pero siempre está presente. Su faceta industrial es otra cosa. En ese sentido ha significado una gran lucha a lo largo de mi vida. Formar parte del mundo profesional del dibujo o la ilustración supone muchos esfuerzos constantes e inacabables. Pero doy todo por bueno, haya tenido los fracasos y éxitos que haya tenido. Siempre he querido, quiero y creo que querré, formar parte de ese mundo.

Enrique Carlos Martín, escritor e ilustrador.

Háblenos de su trayectoria profesional.
A finales de los años ochenta comencé a ganarme la vida con la ilustración y el diseño gráfico. Ilustré cuentos y libros de texto para editoriales como Anaya, Santillana, Vicens Vives, Bruño y Grijalbo. A partir del año 2000 me dediqué al cómic infantil, publicando sobre todo en revistas españolas de las editoriales Norma y El Jueves, y algo en Francia para la editorial Dupuis (revista Spirou). Tuve un periodo de distanciamiento con el mundo editorial desde el año 2007 hasta hace pocos años, en el que cambié de rumbo radicalmente. Estudié oposiciones y actualmente trabajo para la Administración Pública. La vuelta al libro, ya como pluriempleo, supuso un nuevo reto, dedicándome además a escribir.

¿Desde cuándo compagina la ilustración con la escritura?
En 2017 publiqué mi primer libro como escritor con la editorial Hilos de Emociones, Gustavo y la Máquina de Montar Monstruos, y ahora está a punto de salir mi segundo libro, también ilustrado por mí, con la editorial Idampa, Cero-Cero-Perico. Aunque, en realidad, llevo bastantes años escribiendo. Y no sé por qué no lo he hecho antes, la verdad.

¿Y si tuviera que quedarse con una de las dos profesiones, cuál elegiría?
¡Buuuffffff! Me pido el comodín del público. No soy capaz de elegir. Ambas germinan desde la misma semilla pero dan árboles muy diferentes. No quisiera tener que privarme de ninguno de sus frutos.

¿Cómo es una jornada de trabajo diaria para Enrique Carlos?
La mañana la tengo ocupada en mi trabajo de oficina, y esto es lo único constante. El resto es como jugar al tetris. Tal y como veo caer las piezas trato de ubicarlas lo mejor posible. Dibujo o escribo o ambas cosas según quepa en los huecos que me puede dejar mi vida como padre, pareja y todo lo demás. Los fines de semana suelen ser la salvación de un proyecto para acabar de materializarse. Por cierto, juego al tetris fatal.

Enrique Carlos Martín, escritor e ilustrador.

Háblenos de su obra Gustavo y la Máquina de Montar Monstruos. ¿Cuándo se publicó, cómo surgió la idea de publicarla, de qué trata, a qué público va dirigido, etc?
Gustavo es un libro para el público llamado middle grade por las editoriales, o sea, niños y niñas de 8 (o 9) a 12 años. Lo escribí y dibujé entre 2016 y 2017, y se publicó en septiembre de ese año. A mí siempre me han gustado los monstruos. Sobre todo, los clásicos. Tienen algo especial. Quizás porque, en muchos sentidos, son más libres que el ser humano. Hay algo en ellos que atrae, aunque nos asusten. Y, como escritor, los encuentro un vehículo perfecto para contar historias. Aunque en este libro los monstruos no son los protagonistas, sino más bien su creador. En la premisa de Gustavo se encuentra la historia del Doctor Frankenstein, que crea un monstruo literario y cinematográfico, fantástico. Pero solo en la premisa, en la idea de partida, porque Gustavo y la Máquina de Montar Monstruos es otra historia: Gustavo es un niño dotado para la ciencia, tan extremadamente inteligente como para poder retar a la misma naturaleza y el orden establecido. Pero precisamente por eso, también es rechazado por el resto. En el cole es blanco de abusones. No le resulta nada fácil hacer amigos y apenas tiene familia. Vive con su abuela, que es muy mayor (ve muy poco, oye fatal y es despistadísima) y solo tiene la visita de tarde en tarde del gato de su vecino, Lupin, que es un ladronzuelo. Gustavo quiere compañía e, inspirado por su idolatrado Doctor Frankenstein, decide crearla. Esto desembocará inevitablemente en el desastre, pero encontrará un camino plagado de inesperados descubrimientos.

¿Qué proyectos futuros tiene entre manos?
Estoy acabando (o eso quiero creer) otra novela middle grade que tiene como punto de partida otro gran icono de la literatura y el cine de los llamados monstruos clásicos, El hombre invisible. También, futuro y presente, llevo un blog en mi web en el que trato todas estas cosas que me interesan e intento difundir el trabajo de escritores e ilustradores de gran valía de nuestro país. https://enriquecarlosautor.com/ Además, preparo para los niños diferentes publicaciones descargables gratuitamente para mis suscriptores, como la revista Sinquieto, en la que pueden encontrar aventuras cortas de los mismos personajes de mis novelas, además de cómics, lecciones de dibujo y escritura, pasatiempos, etc.

Defínase en tres palabras personal y profesionalmente.
Sinquieto (así me lo decía mi tía), esforzado y friki.