CUIDAR MI BEBÉ: Las preguntas sobre el último protocolo Covid

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El coronavirus sigue copando gran parte de nuestras vidas. Los continuos cambios de protocolos generan mucha incertidumbre. Intentaremos resolver, una vez más, con el doctor José María Carmona los fundamentos de estos cambios y plantear cuestiones interesantes acerca de la pandemia.

Doctor Carmona, ¿no piensa usted que estos cambios continuos de protocolos generan mucha incertidumbre en la sociedad?

En realidad pienso, más bien, que generan un poco de caos organizativo. Pienso que más que desconfianza debería generar seguridad. Que los protocolos cambien significa que se están revisando los resultados de las medidas que se van tomando y, en función de cada nueva circunstancia, se decide lo que se cree mejor para cada momento. 

Centrándonos en el principal cambio que se ha adoptado últimamente en materia de vacunación frente a la COVID-19. ¿Qué piensa del cambio de haber pasado de recomendar la dosis de la vacuna 4 semanas después de la infección por COVID-19 a recomendarla, en este último protocolo, 5 meses después?

Creo que es una decisión del todo acertada. Cuando alguien padece una infección su sistema inmune se estimula y se producen anticuerpos que permanecen en niveles altos durante varios meses. Por ese motivo, provocar una nueva estimulación del sistema inmune en corto espacio de tiempo con la vacuna, es innecesario. Por el contrario, si esperamos varios meses para vacunar, justo cuando los niveles de anticuerpo van cayendo hasta niveles no protectores, esa dosis de vacuna reactivará la inmunidad y elevará los anticuerpos hasta niveles protectores durante más tiempo.

En los niños en lugar de 5 meses son 8 semanas en el último protocolo, ¿verdad?

Sí, así es. Y por el mismo motivo comentado anteriormente creo que es una decisión muy acertada. Aunque pienso, que al igual que los adultos sería incluso más conveniente retrasarla aún más para permanecer durante más tiempo con niveles de anticuerpos protectores.

Doctor, como bien sabe usted que es pediatra, el contagio entre niños entre 5 y 11 años ha sido masivo durante el periodo de Navidades. ¿Qué ocurre si un niño con una dosis de la vacuna se infecta antes de haberse puesto la siguiente dosis?

A nivel logístico, según el nuevo protocolo vacunal, ese niño debe esperar 8 semanas desde el contagio para poder ponerse la segunda dosis en lugar de las cuatro semanas que había que esperar en el protocolo anterior. Siempre debe haber un intervalo de al menos ocho semanas entre dos estímulos antigénicos. Es decir, para los niños que se infectan antes de haberse puesto la primera dosis también hay que esperar al menos un intervalo de 8 semanas. En este caso sería una única dosis.

Me gustaría aprovechar esta pregunta para hablar del concepto de inmunidad híbrida. Cuando alguien se contagia de COVID-19, puesto que el mecanismo más frecuente es la vía respiratoria, se produce una fuerte reacción en la mucosa activando las defensas de esa zona y posteriormente se activan las defensas en sangre. Por otro lado, la vacunación provoca una fuerte activación de las defensas en sangre. Así que la combinación de ambos mecanismos produce una protección casi perfecta.

Por eso hay quien llama a esta inmunidad de pacientes vacunados e infectados superinmunidad.

La inmunidad de los pacientes que se han vacunado y se han infectado finalmente es más fuerte que los que tienen sólo dos dosis de vacuna. Ese fue el motivo de que a los pacientes infectados sólo se les pusiera inicialmente una dosis.

Muchos niños con el protocolo anterior se han puesto la segunda dosis de la vacuna a las cuatro semanas de haberse infectado ¿qué pasa con la inmunidad de estos niños?

En primer lugar quería transmitir tranquilidad. No significa que esos niños no estén bien vacunados, de la misma manera que tampoco es que estén mal vacunados los adultos que se pusieron la siguiente dosis a las 4 semanas de haber pasado la infección. Lo que ocurre es que se ha demostrado que esperar, algunas semanas más en el caso de los niños o algunos meses más en el caso de los adultos, es más eficaz.

Lo más interesante sería poder un seguimiento más individualizado de cada paciente para ver cuándo es el momento en el que el nivel de anticuerpos comienza a bajar. Entiendo que, actualmente, con el nivel de colapso de la Sanidad, es difícil hacer un seguimiento individualizado, pero creo que una estrategia sencilla sería rescatar los test rápidos de anticuerpos. Ya casi nadie recuerda aquellos primeros test que se utilizaron al inicio de la pandemia en los que con un simple pinchazo en el dedo podíamos ver quién había pasado la COVID-19 viendo el nivel de anticuerpos. Creo que utilizando estos test se podría mejorar el momento en el que cada paciente necesita las dosis de refuerzo de la vacuna.

¿Piensa, entonces, que el fin de la pandemia está cada vez más cerca?

Sí, así lo creo. En este sentido pienso que la variante omicron “ha hecho mucho bien”. Ha sido necesario una variante extremadamente contagiosa pero poco agresiva para provocar una inmunidad masiva. Esta variante va a conseguir inmunizar incluso a los antivacunas.

¿Cree que ya deberíamos tratar la COVID 19 como si fuese una gripe?

No, aún no. Quizás eso hubiera sido posible actualmente si todo el mundo estuviese vacunado. Aún los ingresos en las Unidades de Cuidados Intensivos y las tasas de mortalidad son muy altas, mucho más altas que las de la gripe. Tengo que decir que estas tasas están muy incrementadas a base de población no vacunada. 

Hay estudios que demuestran que si toda la población se hubiese vacunado probablemente sí podríamos estar hablando de una infección similar a la de la gripe. Por tanto, aprovecho para insistir una vez más en la importancia de la vacunación que, junto con el buen manejo del aire de los interiores, es fundamental para controlar esta pandemia.