Cuando todo esto acabe…

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Cuántas veces, desde que nos estallara en la cara la crisis del coronavirus, nos hemos repetido a lo largo de estos días: “cuándo todo esto acabe…” Yo la primera, tengo que decir. Creo que lo primero será abrazar a mis padres, porque a mis hijos y a mi marido los tengo a mi lado. Pero, sobre todo, iré corriendo a abrazar a mi abuela que está a punto de cumplir 92 años y para mí, es uno de los motores de mi vida y a la que tengo mucho que agradecer. 

A día de hoy, mi familia y amigos tenemos previstas, no sé si 3 ó 4 barbacoas. Celebrar, aún no sé cuándo la Comunión de mi hija y disfrutar del viaje a Disney que he tenido que posponer. Bueno, se pueden ver como cosas banales pero que sí o sí haré.

Pero mi reflexión va mucho más allá. Yo creo en el ser humano y su nobleza, y quiero confiar que estos días marcarán para bien. La sociedad se ha unido por un bien común. Por un lado, todos los profesionales que exponen su salud a diario para hacernos la vida más fácil a todas aquellas personas que seguimos a pies juntillas la orden de quedarnos en casa. La generosidad por la cual trabajan, no está pagada con nada. Y más cuando en muchas ocasiones salen a trabajar sin las condiciones de protección necesarias, sobre todo los sanitarios que están en el frente y que incluso se tienen que amotinar para que les den sus mascarillas para hacer bien su trabajo y no poner su vida en peligro. Por otro lado, las Fuerzas de Seguridad del Estado, que a ciencia cierta sé que, no disponen de mascarillas para trabajar, bueno sí, lo que pasa es que sus superiores no les deja utilizarla, sólo en caso de “necesidad”. Y digo yo, no es necesidad ¡ya!

Y, por otro lado, tanto grandes como pequeñas empresas, autónomos y particulares están arrimando el hombro para dotar a la Sanidad todo lo que esté en sus manos, confeccionando mascarillas, batas, protecciones y respiradores.

Todos estos esfuerzos no tienen que caer en saco roto. Porque cuando todo esto pase, habrá que corregir aquello que cada uno de nosotros estábamos haciendo mal. Desde el Gobiernos, desde las empresas, desde los propios trabajadores, desde las personas que no conocían a sus vecinos, desde los que protestan por tonterías, desde las pocos solidarias con el de al lado. Solo y sólo entonces habremos ganado la batalla final al coronavirus. Y cuando todo esto acabe sabremos si ha merecido la pena. Y piensa, ¡todo va a ir bien!