Cómo hablar en público

El éxito de una buena oratoria es visualizarlo y dominar el tema a tratar.

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Cómo hablar en público.
Cómo hablar en público.

Muchas son las veces que se tiene que enfrentar una persona a hablar en público. No es que se ponga delante de un auditorio a exponer un tema. Hay otras situaciones como: hablar con un superior, presentar un producto a un cliente, una negociación, defender un trabajo ante un profesor, ante tu equipo de trabajo, etc. Ya sea en público o en privado en muchas ocasiones esto puede producir estrés y con ello el miedo al fracaso. Sin embargo, todo esto que parece tan complicado, es mucho más fácil de lo que parece. Es igual que las conversaciones que se mantienen de manera cotidiana. Pero para ello, hay que prepararse.

Aquí algunos consejos que pueden servir para cuando se presente tal situación.

Lo primero es dominar el tema a tratar, porque cuanto mejor se sepa, los miedos y los nervios desaparecerán.
Luego hay que organizar bien el tema, es decir, hacer una buena presentación, detallar los puntos que se van a abordar y terminar con una muy buena conclusión. La introducción y la conclusión tienen que ser muy buenas. La primera porque se tiene que ganar la atención de la audiencia y la última porque un buen cierra, algo que sea apoteósico, es porque es lo que mejor se recuerda.

Además, hay que evitar los discursos largos, mejor breves y atractivos. Tal y como decía Winston Churchill: “El mejor discurso es el que tiene un buen principio, un buen final, y en el que la distancia entre ambos es la mínima posible”. No hay mejor manera de decirlo.
Luego viene la presentación. Hay que tenerlo todo preparado y previsto. Si se usa medios audiovisuales hay que tener un plan B por si fallasen. Las presentaciones cuanto más sencillas mucho mejor y no poner aquello que no se pueda leer.

Hay que expresarse con sencillez, con un lenguaje claro y siempre adaptando el discurso al público que se tiene delante. No es lo mismo hablar para niños que para adultos profesionales en un tema en concreto. A la misma vez, hay que ser natural, humilde y hablar con pasión. Que el público sienta lo mismo que sentiste si se cuenta una anécdota o una vivencia.

Para que el discurso no suene lineal, hay que jugar con la voz, es decir, por ejemplo poner énfasis cuando algo es importante o bien hacer silencios o pausas de manera que se atraigan a los oyentes.

También es muy importante llevar las riendas de la exposición. Lo primero es crear un vínculo con el público, por lo que no se puede empezar si no se ha captado su atención. Si por ejemplo, te han presentado dar las gracias al que te ha dado paso, sonríe, deja un momento de pausa y que dé comienzo. La sonrisa durante el discurso es muy importante. Con ella ganas la simpatía de los asistentes. Luego para seguir controlando la situación, los presentes tienen que sentir que se les está hablando a cada uno de ellos y por último, controlar el contacto visual con la sala. Se focaliza a tres personas que estén ubicadas en diferentes puntos para así abarcar a todo el auditorio.

Otro detalle a tener en cuenta es el lenguaje no verbal. Hay que vestir según la situación, controlar gestos inadecuados como tocarse la cara, algún objeto, cruzar brazos y piernas. Hay que mover las manos al ritmo de la voz y usando una postura neutra, es decir, repartir el peso entre las caderas y los brazos colgando para que se muevan cuando se comience a hablar. Además, hay que ser coherente con los tres tipos de lenguajes: el verbal con el mensaje que se transmite, el paraverbal con el tono de la voz y el no verbal con lo que se acaba de mencionar con anterioridad.

Siguiendo estas pautas, la oratoria saldrá perfecta. Pero para ello hay que practicar mucho, controlar los nervios, no hay que tener miedo al fracaso y sobre todo visualizar el éxito. Es la única manera de conseguirlo