Balance positivo: 5 ideas para tener las cuentas en orden

¿Es posible obtener un balance positivo en esta época de incertidumbre perpetua? La respuesta es que sí. Aunque, no resulta sencillo, la recompensa es gratificante: posibilidad de acceder a fuentes de financiación alternativas a los bancos; mejorar el posicionamiento y nivel de competitividad; gestionar de manera más inteligente…

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Por Datisa

En entornos convulsos como el actual, mantener las cuentas saneadas es crítico para la estabilidad del negocio. Y, por supuesto, para planificar un crecimiento en el medio y largo plazo. No siempre es fácil contar con una economía saneada. Por lo que optimizar hasta el último recurso será clave para pensar en el futuro.

La supervisión constante de la salud del negocio permitirá evitar cualquier perturbación. Y facilitará la reacción temprana ante cualquier situación de riesgo, involucrando a los agentes necesarios a tiempo.

Conocer a fondo el rendimiento de la empresa es una de las funciones clave del entorno financiero de las pymes. Para hacerlo es recomendable:

  • Superar los márgenes de beneficio en comparación con la media de su sector
  • Apostar por una tendencia al alza de la facturación a lo largo del tiempo
  • Mantener una ratio de endeudamiento equilibrado y unas proporciones adecuadas de reparto de la financiación del activo entre los fondos propios y los aportados por terceros
  • Optimizar la gestión del circulante
  • Amortizar las deudas financiadas por el flujo de caja de las operaciones sin problema

En todo caso, para mantener las cuentas en orden, las pymes deben poner el foco -según los expertos de Datisa- en cinco reglas críticas. Reglas que ayudarán al entorno financiero a identificar las causas de cualquier déficit. Y a tomar medidas para remediarlo.

  1. Margen EBITDA. Sobre todo, apostar por un balance equilibrado. El margen EBITDA es el indicador que mide la rentabilidad bruta de las ventas. Es decir, la parte de la facturación que queda tras deducir todos los costes de fabricación y/o comercialización. Es útil para comprobar si la gestión del negocio mejora con el tiempo. Pero, también, para identificar los costes innecesarios que se pueden eliminar. O renegociar condiciones con los proveedores. 
  2. Solvencia. Es decir, la capacidad de la empresa para hacer frente a sus obligaciones con el flujo de caja que genera la explotación de su actividad. En este sentido, cuanto más pequeños son los flujos de caja, más precaria es la salud de la empresa. En ese caso, el negocio dependerá de recursos de financiación externos. Los intereses a devolver tendrán un impacto decisivo sobre la cuenta de resultados.
  3. Crecimiento. Este es el principal indicador para analizar, tanto el desarrollo como el rendimiento de la empresa. Una cifra de negocio creciente sólo puede considerarse positiva si va acompañada de cobros seguros, una buena rentabilidad y una deuda baja o nula.
  4. Solidez. La solidez de una empresa se ve en períodos de inseguridad e inestabilidad del mercado, ya que sus necesidades financieras derivadas de las inversiones y las actividades corrientes se cubren con fuentes de financiación externas e internas.

El indicador clave de este parámetro es la relación entre el capital propio y el capital ajeno. Si una empresa está muy endeudada, corre el riesgo de sufrir una crisis económica y puede incluso verse obligada a declararse en quiebra. No existe una fórmula infalible para determinar la ratio de endeudamiento adecuada. Cada empresa determinará la suya. Pero, en términos generales, para evitar el colapso financiero, es mejor solicitar préstamos y subvenciones que se pueden devolver sin grandes dificultades.

  • Eficiencia. Para mejorar la liquidez del negocio habrá que estar muy atentos al control y gestión del circulante. A diferencia de años pasados -cuando los mercados estaban en auge- el entorno actual está estancado. Y, en algunos sectores, incluso, en recesión. Por ello, para salvaguardar la salud de la empresa, es mejor practicar una gestión financiera prudente. Y tener en cuenta, algunos KPI clave como el tiempo de cobro de las facturas pendientes, el tiempo de permanencia de las existencias en el almacén o el tiempo medio de pago a los proveedores.