Aznalcóllar es ideal para realizar otros deportes como Kayak, piragüismo, senderismo o puenting

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Aznalcóllar se ubica entre la vega del Guadiamar y las primeras estribaciones de Sierra Morena, a lo que debe lo accidentado de su configuración urbana y a la mayor parte de su territorio, esto también contribuye a que la biodiversidad sea de una gran riqueza. Es un municipio de cantaores flamencos y toreros, persistiendo su artesanía de bordados de mantones de Manila. Sus ríos y pantanos, hacen de esta población y de sus alrededores un lugar ideal para el turismo de aventura y deportes. Y, además de todo esto, Aznalcóllar posee una historia que pocos conocen.

Aznalcóllar cuenta con un territorio es surcado por pequeños ríos y arroyos, como son el río Agrio; el arroyo Crispinejo, afluente del Agrio y que desemboca en el embalse del primero; arroyo Frailes, también tributario del Agrio y a su paso estaba el desaparecido convento de San Miguel del Tardon y por el que recibió el nombre el arroyo. En cuanto a la fauna en Aznalcóllar habitan distintas especies como el ciervo, jabalí, gato montés, zorro, tejón, conejo, liebre, etc. Destaca la diversidad y abundancia de rapaces como el águila real, culebrera, gavilán, perdiz,…

El deporte de aventuras es uno de los más frecuentes en esta zona. Os recomendamos el sendero la zarcita  y el sendero circular río agrio que cuenta con un recorrido circular muy variado por los distintos entornos por los que se transita, la mayor parte del recorrido se realiza por pistas en buen estado, de zahorra compactada, solamente entre los puntos 008 al 014 no es apto para ciclistas con poca experiencia, ya que este tramo es muy irregular. Asimismo, Aznalcóllar es ideal para realizar otros deportes como Kayak, piragüismo, senderismo o puenting.

Pero en Aznalcóllar hay mucho que visitar como el puente de los frailes, el molino de viento, los pinos o la iglesia parroquial. Y no podemos olvidarnos del tesoro mudéjar de la Zawiya, la capilla del cementerio formaba parte de la antigua iglesia de Aznalcóllar de estilo mudéjar, construida posiblemente en el siglo XIV; más concretamente, los restos que se conservan en pie correspondían a la cabecera de la nave central donde se emplazaba el altar mayor.

En su gastronomía destaca las tapas de sus bares, entre sus platos, los pucheros, las migas con ajos, calderetas de carnes de caza, sus carnes a la brasa y sus postres caseros. Son famosos los dulces elaborados con miel de la zona, garrapiñados, torrijas,  pestiños y el piñonate, con miel de la zona. Además, cuenta con una agricultura de secano, con cereales, olivos, junto con el uso forestal y la apicultura de la sierra. 

Desde el Ayuntamiento nos cuentan que la historia no es exacta, “ya que donde hay un desarrollo minero hay asentamientos humanos para llevar a cabo la explotación minera y desarrollo de caminos y sistemas de comunicación viaria para la comercialización de los minerales. Puede que fuese centro de explotación, tratamiento o distribución, esto se pone de manifiesto por los fragmentos de escoria y el percutor lítico con leve acanaladura encontrado en el yacimiento de Gerena”.

La vida espiritual y rasgos sociales se identifican con los enterramientos y viviendas, ya que en ellos se deduce la evolución de la sociedad.  Se ha hallado una necrópolis en Aznalcóllar de la edad del bronce, poblados en cabezos y casas de geometría cuadrada e indicios de un urbanismo incipiente. Sólo se conoce una sepultura por la desviación del río, para la explotación minera.

Hacia el año 1.700 los enterramientos cambian, ya no se cubrían con piedras, eran cúpulas, corredores, dolménicos de gran tamaño que precedieron a los enterramientos sencillos. Con las minas aparecen los primeros metalúrgicos, 2.500 a.C., se ha confirmado un yacimiento de plata, en algún momento tuvieron la tecnología para la extracción y explotación de la misma.
La pacífica vida de los turdetanos se ve interrumpida por los cartagineses, en el año 237 a.C. Estos se defendieron de la invasión, pero no se sabe el lugar exacto donde transcurrió batalla. Los púnicos, explotaron la mina para acuñar monedas para la guerra.

La época romana, es más rica en datos, restos arqueológicos y artísticos. Con la invasión, no se sabe, si los habitantes de Aznalcóllar se aliaron con los romanos para librarse del yugo cartaginés. Aznalcóllar fue conquistada violentamente, les interesaban estas tierras por su mineral. Aznalcóllar se destaca por el bandolerismo, acumulando riquezas con el robo, y ello lo hace con el más completo desprecio de todo. Los bárbaros también explotaron las minas, pero la producción oleícola es el bien más preciado, junto con el aceite ya que el aljarafe estaba sombreado por olivos e higueras.

Los visigodos se asentaron cerca de donde estaría hoy el Monasterio del Tardón, se trabajaba la minería, orfebrería y metalistería. Se aprovecharían las infraestructuras y las adecuarían a sus necesidades. Muestra una mesa de altar rectangular en el Convento de Retamal. Estos pactarían con los romanos para vivir pagando un tributo, se dedicaban al pastoreo, la agricultura y el mineral.

Hay 2 versiones sobre la conquista islámica: una que fue tomada mediante un pacto con los visigodos, los cristianos asumieron el Islam y fueron llamados “muladíes”. Otra es que fue tomada por la fuerza, el primer nombre que recibió la villa fue Hisn (fortaleza), palabra mixta del árabe y castellano Isn al- culiy’at (Colina-isn). Se construyeron una gran cantidad de molinos para el trigo y el aceite. Se dividía en 4 distritos: Sanlúcar la Mayor, San Juan de Aznalfarache, Aznalcázar y Aznalcóllar.

En el siglo IX, los habitantes de Tejada hicieron frente a los árabes en el año 844, pero fueron derrotados. En el  siglo XI, cayeron las fortalezas y castillos de Gerena y Aznalcóllar, sin ofrecer resistencia, en el año 1.091. Un siglo después los almohades son dueños del campo de Tejada y todo el aljarafe, entre los años 1146 y 1147.

En 1.248 se formalizaba el sitio de Sevilla. D. Pelayo Pérez Correa, llega a las murallas de la capital, habiendo reducido las fortalezas avanzadas que la protegían, entre ellas las de Aznalcóllar. Durante el siglo XVIII las tropas andaluzas guerreaban en algunas regiones españolas, las poblaciones pequeñas de Andalucía quedaban solas y desprotegidas. Los portugueses aprovechaban para hostigar las sierras onubenses y las más occidentales del reino de Sevilla, incluida Aznalcóllar. El municipio de Aznalcóllar siguió manteniendo su estructura y características básicas descritas en época anterior.

Ya en el siglo XIX, Aznalcóllar, lejos de los centros industriales y decisión política seguirá sumida en su dinámica agraria y extractiva. Hasta mediados de la pasada centuria, sólo existen pequeños talleres en los que trabajaban 4 o 5 obreros con un maestro. La baja producción y cantidades que dependían de las necesidades locales, marcan su producción. Fue entonces cuando se crearon las primeras hermandades; la cruz de abajo, la Cruz de Arriba y la Vera Cruz.

El pueblo siempre ha vivido de la mina hasta que esta sufrió un accidente catastrófico en el año 1997, por la rotura de una balsa que contenía lodos tóxicos. Esto provocó numerosos daños al medio ambiente y al pueblo, ya que dejó a mucha gente en paro, pero, poco a poco se ha ido recuperando de aquel accidente, ya que el terreno dañado se ha recuperado creando el Corredor Verde Ecológico del Guadiamar y un polígono industrial que dará vida de nuevo al pueblo.