Aznalcázar, corazón de Doñana

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Aznalcázar está situada a 25 Km de Sevilla y cuenta con una gran riqueza natural. Su término municipal ocupa una situación privilegiada con respecto al Parque Nacional de Doñana (gran parte de su suelo está declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco). Además, dispone de alojamientos, rutas (a caballo, bicicleta, senderismo,…) y otras actividades a la par que reúne historia y lugares emblemáticos que hacen a nuestra ciudad y provincia aún más rica culturalmente

Aznalcázar se encuentra entre las Marismas del Guadalquivir, el Aljarafe y junto al río Guadiamar. Fue sede de varios momentos importantes en la historia y ha sido un importante refugio defensivo, vía de comunicación y encrucijada de caminos que favorecía el acceso de diversas poblaciones, a las zonas de pasto marismeño y al mar. Gracias a la elaboración de la Carta Arqueológica del término se pone de manifiesto la riqueza en yacimientos arqueológicos de todas las épocas. Asimismo, Aznalcázar cuenta con un gran patrimonio histórico y cultural que son un claro reflejo de su importante significación en las diferentes culturas que han habitado y trabajado sus tierras, desde la era prehistórica y a lo largo de los tiempos.

Algunos historiadores identifican la actual Aznalcázar con la celtibera Olontigi, nombre conservado en época romana. En la actualidad, el nombre de Aznalcázar proviene del árabe “Hazn-al-cazar” que significa fortaleza del Alcázar o del Palacio. Según el Anuario Arqueológico de Andalucía de 1988, el poblamiento de época Calcolítica es el más antiguo del que se tienen datos fiables. Son muchos los que sitúan en Aznalcázar la ubicación de Tartessos, e incluso quienes afirman que fenicios, griegos y cartaginenses, entre otros, habrían dejado su impronta en este lugar. Inclusive se han encontrado monedas, lo que confirma la existencia de una antigua población que acuñaba monedas. La presencia romana en sus tierras dejó importantes huellas como el Puente Romano sobre el Río Guadiamar y el Recinto Amurallado del que se conservan aún algunos lienzos de muralla.

Qué ver

Aznalcázar cuenta con un gran patrimonio histórico y cultural que son un claro reflejo de su importante significación en las diferentes culturas que han habitado y trabajado sus tierras, desde la era prehistórica y a lo largo de los tiempos. Además, dispone de multitud de rincones que merecen ser vistos como el Cerro del Alcázar. Este terreno corresponde con la parte más alta de la villa, probablemente enclave de los primeros asentamientos humanos en el zona, tal como parecen demostrarlo los hallazgos cerámicos y de monedas libio-púnicas. Además, ocupando el cabezo se encuentran los escasos restos de la fortaleza a la que debe su nombre actual este pueblo.
La parte romana se encuentra reducida casi exclusivamente a los cimientos y algunas construcciones subterráneas. Actualmente, se este punto ha sido rehabilitada como parque de ocio y recreo, desde donde se puede divisar la vega del río Guadiamar.

Otro lugar imprescindible es el recinto amurallado construido por los romanos, y que sufrió algunas transformaciones en la época árabe, se conservan aún algunos lienzos de muralla, y un arco, conocido como “Arco de la Pescadería” o “Arquillo”, que servía de entrada de visitantes al pueblo en la antigüedad. El puente romano también merece ser destacado. Este puente sobre el Río Guadiamar se hundió en 1821, si bien aún quedan varios arcos visibles de los catorce que existían en el siglo XIX.

La conocida como fuente vieja es otro rincón mítico de Aznalcázar. Durante muchos siglos fue la única fuente del pueblo; su pasado es remoto, y sus virtudes curativas se aprovechaban ya en época romana. Esta fuente es una muestra máxima del barroco civil en Andalucía; el conjunto está formado por dos edificios fechados en 1773 y 1789, dos aljibes medievales y una alberca. El arca de agua o aljibe se encuentra en el interior del pabellón mayor, construido en 1773 por los maestros alarifes Martín de Gelo y Pedro Franco, bajo la supervisión del maestro mayor de los Reales Alcázares de Sevilla, Ignacio Moreno; asentado sobre los caños, encierra un inmenso aljibe cubierto. Tiene una fachada principal con una hornacina central enmarcada por pilastras, en la que se abre un vano, sobre la cornisa se alza un frontón decorado con un icono de azulejos con la Santísima Trinidad. En 1789 se adosó a este edificio otro pabellón más estrecho rematado con icono de la Inmaculada Concepción. En el año 2000 fue restaurada.  Se encuentra además el Parque de la Fuente Vieja, con lugares de esparcimiento; mirador natural del Paisaje Protegido del Corredor Verde del Guadiamar, permite una visión cercana del río y su ribera.

La Iglesia Parroquial de San Pablo es una de las más bellas obras representativas del mudéjar sevillano (s.XIV). Consta de tres naves con cubierta de madera y separadas por pilares cruciformes. La cabecera de la iglesia está decorada con mosaicos del siglo XVI que alternan azulejos del XV. Las fachadas son de época posterior (s.XVI), la principal está decorada con almenas casi renacentistas, la de la epístola tiene una excelente labor de lacería mudéjar entre el arco y el alfiz que la enmarcan. La torre mudéjar, que parece fue alminar de una antigua mezquita, está exenta de la iglesia, y el cuerpo de campanas, decorado con azulejos, pertenece al último tercio del s. XVIII. Los artesonados y retablos de la iglesia se perdieron en un incendio en 1932.

En el interior de este singular edificio destacan magníficas imágenes barrocas, entre ellas la del Niño Jesús que con toda seguridad se puede atribuir a Juan Martínez Montañez, representante del barroco sevillano, y la imagen de San José que pertenece al mismo círculo. Igualmente se encuentra el cuadro “Cristo Crucificado”, catalogado del Taller de Zurbarán. Igualmente, se puede observar al Cristo de San Pablo (s. XVII) de estilo manierista, una importante colección de orfebrería religiosa y libros. Finalmente, la Hermandad de Santiago Apóstol posee cuatro tallas obra de Antonio Castillo Lastrucci.