Ahorrar no es aparcar el dinero

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POR JAVIER FANO_RESPONSABLE DE BANCO MEDIOLANUM EN ANDALUCIA

El confinamiento, en el segundo trimestre del año, ha disparado el ahorro: según los datos del INE, un 31% de la renta disponible de los españoles (22,5% en términos desestacionalizados), lo que supone 17,4 puntos más que en el segundo trimestre del año pasado y un registro desconocido desde 1999. 

Tales magnitudes se explican por varios factores. El más obvio, que de abril a junio no se ha podido gastar mucho. Un segundo motivo es defensivo, ante el temor a una etapa de vacas flacas. El tercero es meramente estadístico, pues la tasa de ahorro mide el porcentaje del dinero que se guarda sobre la renta disponible. En este caso, ha aumentado el dinero sin gastar, pero también ha caído la renta disponible.

Me permito tanto detalle porque no querría que alguien se quedase con la idea de que los españoles nos hemos vuelto hiperprevisores. De hecho, todavía seguimos por debajo del ahorro medio en la UE. Además, y aquí quiero centrarme, guardar dinero -o dejar de gastarlo- no significa necesariamente ahorrar.

¿En qué se diferencia lo uno de lo otro? Nosotros, desde Banco Mediolanum lo resumimos en seis grandes principios.

Primero, ahorrar implica invertir con cabeza. “Aparcar” nuestros ahorros en cuentas corrientes o en depósitos a corto plazo no es ahorrar, especialmente si tenemos en cuenta que en la mayoría de los casos los intereses que se obtienen están por debajo de la inflación. O lo que es lo mismo, nuestro dinero pierde valor.

Segundo, marcarse objetivos y establecer un plan de acción. El ahorro solo tiene sentido si sabemos a qué queremos destinar el dinero que guardamos y el que obtendremos por él. Debemos establecer unos objetivos muy concretos: por ejemplo, a corto plazo un viaje; a medio, los estudios de los hijos o una segunda residencia y, a largo, la jubilación. Y, en función de estas necesidades, insisto, concretas, establecemos una estrategia de ahorro determinando qué cantidades invertiremos en los distintos activos o servicios financieros.

Tercero, diversificar. A la hora de elegir dónde colocar nuestro capital es preciso buscar alternativas diferentes para no poner todos los huevos en la misma cesta. Muchos fondos ya nos aportan esta diversificación según nuestras necesidades, facilitándonos la elección.

Cuarto, ser constantes. Lo hemos visto con la pandemia. No se trata de ahorrar cuando escuchamos los truenos; es preciso, dentro de esta estrategia, destinar unos ingresos regulares, mucho o poco según la posibilidad de cada cual, pero con constancia y disciplina. Apartar una cantidad, como hacemos para pagar el gas, el agua…

Quinto, ser realista. El peor enemigo del ahorrador es él mismo. Muchos se fían de su instinto como si fuese un don que se les ha concedido para guiarles al maná. Ahorrar dista mucho de pegar un pelotazo con tal o cual valor.

Y, sexto, que no último, asesoramiento. Muy ligado a lo anterior, ahorrar supone la capacidad de ajustarnos a la estrategia, una disciplina de la que no todos pueden disfrutar. A veces es difícil resistirse a las tentaciones o los pánicos del momento, y necesitamos a alguien, mucho mejor un experto en finanzas, que nos ayude a tomar decisiones de una manera profesional y ayudarnos a marcar el camino.